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CRECIENDO CON LOS NIÑOS INDIGO
NIÑOS INDIGO

Los niños de por sí, especialmente los menores de tres años, suelen manifestar rabietas frecuentes e injustificadas para sus padres. Para los niños que están llegando ahora al planeta, llamados los Niños de la Vibración de Cristal o Niños Índigo, esta conducta es un suceso frecuente que demuestra su inconformidad con el statu quo pero también puede ser un indicador de que los padres viven graves problemas en su relación de pareja.
Algunos niños Índigo expresan sus rabietas como una manifestación de estrés y esto ocurre, con mayor frecuencia, al final del día.

Sin embargo las rabietas nocturnas pueden tener otras causas como dejarlos solos a la hora de dormir o acostarlos cuando ellos no tienen sueño, especialmente si han dormido una larga siesta. El niño se frustra y se enoja con toda razón. ¿Que tal si aparta unos minutos de su tiempo para jugar con ellos?.

Usted quiera que él comprenda lo que todavía no está en capacidad de hacer, por ejemplo que usted necesita su tiempo para atender sus asuntos personales. Esto torna a la madre impaciente, esta impaciencia es captada por el niño y se torna un círculo vicioso.

Los niños Índigo se estresan mas de lo normal, por esa condición tan propia de ellos de ser autosuficientes y auto determinados, cuando no se les permite dar rienda suelta a su expresión. Su mecanismo de defensa es el llanto y las rabietas.

Las madres se preguntan; ¿ Es que tengo que dejarlo hacer lo que le viene en gana? A lo que yo respondo, sí y no. Sin duda que el mejor maestro para su hijo es usted, pero a través de su conducta, de su ejemplo, no a través de órdenes.

El niño índigo es muy sensible y muy perceptivo para determinar la incongruencia entre el decir y el hacer. ¿Cómo obligarle a limpiarse las manos antes de comer si usted no suele hacerlo o pedirle que hable en voz baja sí el solo escucha sus gritos? ¿Cómo imponerle hábitos que usted no tiene? ¿Cómo impedir que haga lo que usted suele hacer? Recuerde que muchos de sus hábitos los establece por imitación de uno de sus padres.

El niño Índigo necesita expresar sus emociones libremente y sin juicios. Dejarlos llorar, aún cuando su llanto le resulte insoportable y dejarlos manifestar su rabia, hasta agotarla, es saludable. Es la manera que el niño tiene de liberar la carga emocional acumulada cuando no cuenta con suficientes elementos de expresión. La carga emocional va aumentado progresivamente a lo largo de los años, se va cristalizando en el cuerpo emocional convirtiéndonos en unos amargados y endurecidos hasta terminar en enfermedades crónicas y muerte prematura.

Ordenarles o amenazarles con que se vayan a su cuarto lo toman como un castigo a su auto expresión. Ármese pues de una buena dosis de paciencia y comprensión y negocie con el niño.

Es importante que los niños se sientan amados y respetados no importa que sus sentimientos ocasionen molestia e incomprensión de sus padres por ese programa que tenemos de etiquetar las cosas en buenas y malas, según nuestro sistema de creencias. Obsérvelos con amor, no les muestre desagrado y mucho menos indiferencia. Ellos necesitan de su aprobación y de su respeto para manifestar sus necesidades más apremiantes y llorar es una manera de descargar su malestar. Pero generalmente los padres lo toman como una forma de manipulación o de malcriadez. Quizás usted aprendió a no expresar este sentimiento y hasta se le castigaba fuertemente, se le condicionó a no sentir, mucho más si era varón.

Percátese de como algunos días sus niños se quedan dormidos fácilmente, a la hora del descanso, y no dan ninguna señal de perturbación. Sin duda que ese fue un día de playa y de campo que transcurrió feliz y sin estrés y se les dejó vivir en libertad.

Es altamente saludable que sus niños aprendan a compartir con otros niños, desde muy pequeñitos, especialmente con otros niños índigo. Ellos se entienden entre sí. Entréguelos a manos expertas para que realicen actividades que ameriten dormir fuera del hogar y verá que su comportamiento es totalmente diferente, tanto que usted quedará asombrado.

Algunos niños ofrecen resistencia para irse a dormir solos y exigen la compañía de uno de sus padres. Cuando no se les deja estallan en llanto y se convierte en un vía crusis diario para la familia. Esto ocurre con mas frecuencia cuando el niño alcanza los tres años, él siente mucho miedo de quedarse solo porque esta es la edad en que comienza a conocer la muerte Cuando se quedan solos se sienten separados y abandonados y esto les produce mucho dolor y mucho miedo. Esta es la etapa en que más necesita estar cerca de la madre, de una madre confiada y consciente de su papel que le ayude a pasar a través de sus miedos.

Incite a su hijo a que le hable acerca de sus sentimientos, escúchelos sin juzgarlos. Quizás el niño escuchó cuentos tenebrosos o vio alguna película de terror. Si se ha muerto un familiar cercano sin duda que él le hará preguntas. En este caso sea lo mas honesto posible. Dígale que es muy improbable que un niño de su edad pueda morir. Un Curso de Milagros dice que la muerte es una decisión. Sustitúyale la ideas de muerte por sueños de realizaciones para si mismo, para la familia, para el mundo. Es muy sano para su hijo enfatizarle que usted nunca le abandonará y que siempre hay personas a su lado que le cuidan y le aman. Para otros niños puede ser insuficiente pero en todo caso si a usted le parece háblele mas profundamente acerca de la muerte. Pero nunca, nunca, obvie responderle.

Algunos juegos dirigidos pueden ser muy beneficiosos para establecer un gradiente de separación entre usted y su hijo, que él siente como abandono. Jugar a las escondidas por ejemplo, además de resultarle muy divertido, estrecha lazos de unión entre usted y su hijo. Jugar al doctor es otra opción de juego, donde el niño de rienda suelta a su imaginación de cómo curar enfermos siempre y cuando usted se abstenga de dirigirlo. Usted se sorprenderá y los médicos también, de la sabiduría de los niños índigo en materia de curación. . Conozco a un niño índigo de 6 años que sana mediante imposición de manos, los dolores de su madre y de otros miembros de la familia que confían en él. Lo hace con mucha seriedad, con una sabiduría innata. La diferencia la establece la madre que sabe que su hijo es índigo y está consciente de la misión de ambos. Así que el proceso de curación se convierte en un acto sagrado para los dos.

Los niños índigo tiene demasiada energía que necesitan expresar pero la paz retorna al niño después de una pataleta.

Evite rechazarlos cuando usted este cansado o apurado. Yo observo como muchas personas que no aman a los perros acostumbran a golpearlos o ha empujarlos para deshacerse de ellos, cuando estos se les acercan para saludarles y brindarles su amor, no importándoles que sean cachorros que, al igual que todos los niños, son tan juguetones. Una actitud similar asumen con los niños. Es contraproducente privar al niño de su amor, de sus abrazos y mucho mas utilizarlo como una forma de castigo con el argumento de que así lo trataron a usted y con con el cuento de que a los niños no se les debe acostumbrar a brazos.


Isabel Stelling

indigos@cantv.net