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Consomé de Letras para el Alma
La Fuerza de la Persistencia

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Esta es la historia de un jovencito llamado Tommy, que vivía con su padre, con quien desarrolló una estrecha relación por el hecho de que vivieron totalmente solos, sin la compañía de la madre ya fallecida. Aun cuando, en lo que a fútbol se refiere, Tommy estuvo siempre en el banco, su padre permaneció en las gradas animándolo y nunca se perdió un solo juego.

Tommy fue el más pequeño y débil de su grupo en el colegio, y su padre siempre lo alentaba aunque también le decía que él no tenía que ser un jugador de fútbol si no lo deseaba, pero nuestro jovencito era un amante del juego y decidió ingresar al equipo, determinado a tratar de hacerlo cada día mejor en las prácticas con la posibilidad de que algún día pudiera participar en alguno de los partidos del equipo.

En toda su vida estudiantil, Tommy perteneció al equipo de la escuela, asistía a todas las prácticas y partidos, aunque siempre calentando banco como decimos de aquellos que sólo son suplentes en un equipo. Su padre, con una fidelidad envidiable, siempre estaba en las tribunas alentándolo.

Cuando Tommy llegó a la universidad, de nuevo se inscribió en el equipo de fútbol y aunque todo el mundo sabia que nunca haría el grado, lo toleraban porque ponía todo su corazón y alma en cada práctica y al mismo tiempo llenaba al resto de los muchachos con la fe, optimismo y entusiasmo, necesarios para el probable triunfo. La noticia de que, a pesar de no jugar, había sobrevivido al recorte de jugadores que hubo en el equipo, lo llevó al teléfono más cercano para informárselo a su padre, quien de inmediato compartió su excitación y ordenó boletos para toda la temporada del equipo universitario.

Nuevamente, Tommy no faltó a ninguna práctica durante los cinco años de su carrera y no participó en ningún juego. Un día antes de la habitual práctica y ya con el equipo en las puertas del playoff estatal, el coach llegó con un telegrama para Tommy quien al leerlo cayó en un silencio mortal. Tommy le balbució al coach.- Mi padre murió esta mañana. ¿Estaría bien que faltara a la práctica de hoy? El coach puso su mano sobre el hombro de Tommy y le contestó: -Lo siento mucho, tómate el resto de la semana libre y no es necesario que vengas al ultimo juego que es el próximo sábado .

Cuando llegó el sábado, el juego arrancó y al equipo de nuestro amigo no le estaba yendo muy bien, porque perdía por diez tantos en el tercer cuarto (les aclaro que el juego es de fútbol americano que se lleva a cabo a cuatro tiempos y las puntuaciones pueden ser altas porque un gol de campo vale tres puntos y un touchdown, o jugada máxima, puede valer entre 6 y 8 puntos)- Un joven silencioso en forma sigilosa entró a los camerinos, se puso su uniforme y salió al campo, dejando atónitos al coach y a sus compañeros de juego, quienes lo creían en los funerales y posteriores ceremonias relacionadas con la muerte de su padre. Tommy se dirigió al coach: -Por favor, coach, déjeme jugar Yo tengo que jugar hoy. El coach se hizo el loco y pretendió no escucharlo, no podía poner a su peor jugador en el último y decisivo partido de la temporada. Pero Tommy insistió.- -No puedo explicarle ahora porque no hay tiempo, pero le insisto que me deje jugar. El coach, sintiéndose apenado por el muchacho y pensando en su constancia, se encomendó a Dios y contestó: OK, puedes jugar. Después de eso, nadie, ni los jugadores ni el coach ni el público en las gradas podían creer lo que estaban viendo. El pequeño desconocido, quien nunca había jugado antes, lo estaba haciendo todo correctamente.

El equipo contrario no podía pararlo y Tommy corría, pasaba y bloqueaba como una estrella. Su equipo pronto con un gol de campo y un touchdown empató, y en los segundos finales del juego, Tommy interceptó un pase contrario y corrió toda la ruta hasta el campo contrario, anotando el touchdown vencedor cuando el reloj señalaba el final del juego. Los fanáticos enloquecieron, el equipo era campeón, sus compañeros lo alzaron en hombros y la locura fue algo nunca visto en la universidad. Finalmente, después que las gradas se vaciaron y los chicos se ducharon y dejaron los vestidores, el coach observó que Tommy estaba sentado solo en un rincón, y acercandose, le dijo: -Hijo, no puedo creerlo, fue fantástico. Dime ¿cómo fue que pudiste hacer eso?. Tommy miró al coach con lágrimas en los ojos y le dijo: -Bien, usted sabe que mí padre murió, pero lo que no sabía es que él era ciego. Y suspirando y con una sonrisa de ternura en los labios: Mi padre vino a todos mis juegos, pero nunca me pudo ver por lo que no sabía que yo no jugaba. Pero hoy, él me iba a ver jugar desde el cielo, y yo quería demostrarle que podía hacerlo y que era una estrella tal como él me veía.

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Esta historia nos permite recordar desde ahora que no hay que dejarse llevar por el abatimiento y la tristeza porque:
Siempre hay alguien orgulloso y agradecido de ti.
Siempre hay alguien pensando y preocupado por ti.
Siempre hay alguien nostálgico por ti y queriendo estar y hablar contigo.
Siempre hay alguien esperanzado en que tú no estés en problemas.
Siempre hay alguien que quiere estrechar tu mano.
Siempre hay alguien que quiere verte feliz.
Siempre hay alguien que desea que tú lo encuentres.
Siempre hay alguien que quiere darte un regalo.
Siempre hay alguien con deseos de protegerte y abrazarte.
Siempre hay alguien que cree que tú eres un regalo.
Siempre hay alguien que admira tu fortaleza.
Siempre hay alguien que no puede esperar para verte.
Siempre hay alguien que te ama por lo que eres.
Siempre hay alguien contento de ser tu amigo.
Siempre hay alguien que atesora tu espíritu.
Siempre hay alguien que desea conocerte mas.
Siempre hay alguien que desea que tú sepas que ellos están ahí para ti.
Siempre hay alguien que haría cualquier cosa por ti.
Siempre hay alguien queriendo compartir sus sueños contigo.
Siempre hay alguien que vive por ti.
Siempre hay alguien necesitado de tu apoyo.
Siempre hay alguien que necesita tu fe en ellos.
Siempre hay alguien a quien una canción les recuerda que tú existes.
Siempre hay alguien que llorará al leer este artículo.

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